4 historias

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Estaba Roberto Wong tarareando una canción cuando de repente... *ring, *ring. Roberto Wong contesta su celular. Hola, dice en su perfecto inglés británico. Qué tal Alberto, sí, estoy en casa, qué sucede. Roberto recibe las indicaciones de uno de sus compañeros de casa, con el fin de solucionar la gotera que desde hace un mes amenaza con convertir a 2 Riceyman House en la casa menos verde del Reino Unido.
Minutos después Roberto Wong se encuentra hojeando la sección amarilla, en busca del mejor plomero para esta labor. Los hermanos Mario no estan en el directorio, así que procede a llamar a 3 compañías distintas. Minutos después, la empresa seleccionada cuesta 58 libras la hora, más el impuesto, más las refacciones. La cuenta total será dividida entre los habitantes de la casa, aunque, por supuesto, el desembolzo inicial tendrá que ser financiado por Roberto.
Roberto llama a los plomeros, quienes se comprometen a llamar antes para definir la hora exacta en la que habrán de pasar por 2 Riceyman House a arreglar la gotera interminable que está secando poco a poco los mantos freáticos. Roberto marca de nuevo por su teléfono, esta vez no a una compañía, sino a su señora, para comentarle los hechos.
Minutos después, el encanto femenino para cambiar los planes acordados entre dos varones lleva a que toda la misión se cancele. Roberto trata de llamar a la compañía plomera, pero es la hora del almuerzo y no los localiza. Roberto está nervioso, pero se tranquiliza: "seguramente marcarán antes de venir".
Dado que su mañana ha sido arruinada por estos ires y venires de órdenes enviadas por el alto mando, Roberto se entretiene observando algunos videos de Internet. A las 2:04 de la tarde, el timbre de la casa suena. Sin duda, son los plomeros. Sin contestar por el interfon ni dar ninguna señal de vida, los plomeros comienzan a llamar al celular de Roberto, quien, por azares del destino, lo tenía en modo silencioso, lo que evita que sea descubierto.
Pecho tierra, Roberto Wong evita la mirada incisiva de los plomeros en la casa. No tiene dinero para pagar su labor, y no esta seguro que aún teniendo el dinero sea la mejor opción. La dueña de la casa podría pagar, o tal vez alguien más se podría hacer cargo de la situación. Roberto permanece escondido unos minutos más, hasta que los plomeros matones de la mafia se han ido. Roberto respira aliviado, toma sus libros, y se va a clase. Todo este asunto le había costado un retraso.
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Sábado por la noche. Roberto y Sophie han sido invitados por una chica australiana, Carly, a la celebración de un cumpleaños en un bar en Camden Town. Roberto conoció a Carly en el Bar Corona, cuando charlaba con Daniel Ancheyta en el primer día de vacaciones antes de renunciar.
Una vez en el bar, Roberto y Sophie conocieron a James, joven que estuvo en la guerra de Irak del lado de las tropas británicas. La guerra, cosa horrenda, piensa Roberto. Seguramente trastorna a la gente, engendra dementes, estilo Apocalipsis Now. Roberto espera la frase "amo el olor del napalm por la mañana". Su mente divaga, se imagina a James disparando, fuera de quicio. La guerra, piensa, devela los más oscuros sentimientos de las personas.
La noche transcurre, James cuenta que estudia ahora nutrición, y le gusta el reggae y el ska. Incluso, charlan sobre la posibilidad de ir algún día a escuchar algo de buen ska en el sur de Londres. James es gentil, no hay miedo ni farsa en sus palabras.
Se despiden. James dice adios con la mano, y se pierde en la primera noche de septiembre. No hay apocalipsis en él, solamente una persona como Roberto, como Sophie, que ha regresado a casa. Roberto se alegra de que las cosas no siempre sean como se las imagina.
***
La última vez que Roberto se cortó el cabello pagó 20 libras. Prácticamente, el valor de un ticket de tren al campo. Decidido de no dejarse burlar por los estilistas posh de Londres (quienes además la última vez lo trataron mal), busca una mejor opción. Piensa en cortarse él mismo el cabello, pero sin una máquina tal vez no sea la mejor opción.
Sale a caminar, para encontrar por destino una estética donde el corte de cabello cuesta 5 libras. Entra. Minutos después esta sentado en el sótano de una casa frente a una estilista de algún país de europa oriental. A su lado, una estilista dark le corta el cabello a un niño colombiano.
Roberto explica: "lo quiero corto, con tijera. Degrafilado, para que no haga mucho volumen. Atrás, ni desvanecido ni cuadrado, natural, con unas mechas para que se vea moderno. La patilla, igual. Arriba, quiero un mohawk, pero no muy largo. Discreto".
Lo explicó lo mejor que pudo en inglés. Hasta abrió los ojos, hizo ademanes. La estilista abrió también los ojos, conjurando el poder del entendimiento con este gesto. "¿Con tijeras?", fue lo que acertó a preguntar, con una sonrisa tímida bajo sus dos grandes y rosadas mejillas.
Roberto suspiró. No había remedio. "No te preocupes. Con la máquina, solamente. Número tres". Roberto cerró los ojos, y recordó aquellos viejos sobre sus máquinas podadoras de césped. Pudo escuchar el ruido de sus motores, el trazo de sus coches sobre el pasto.
Roberto salió de la estética. El aire fresco sobre su mollera le dio frío. Cruzó los brazos, y se dirigió a su casa con su peinado militar, el que alguna vez usó mientras estudiaba la secundaria en un puerto en el Golfo de México.
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Estaba Roberto Wong bebiendo una cerveza con unos amigos cuando de repente... *beep *beep. El sonido de un mensaje de texto sobre su celular le recuerda que ese viernes por la noche ha quedado de alcanzar a un amigo cubano que se encuentra en un bar cerca de Holborn Station.
Roberto consulta con su amigo etiópe, clon bizarro de Bobby Marley, quien accede de ir a buscar al cubano y a la gente que con él se encuentra. Roberto da pasos presurosos. El alcohol ha menguado su manejo del idioma (cualquier idioma), además dañar sensiblemente su factor motriz y perceptual.
Minutos después, Roberto Wong llega acompañado de su amigo al lugar en el que su compañero cubano se divierte de lo lindo. Roberto ve desde lejos una fila, y seguro de sí mismo se incorpora en ella, no sin antes quitar una valle que esta semiatravesada en la calle.
La fila no avanza, y Roberto se impacienta. La gente fuma, y Bobby Marley Jr guarda silencio. Llega minutos después un agente de seguridad del antro. Llama a Bobby Marley Jr y a Roberto fuera de la linea, y explica sencillamente dos hechos:
a) Dado la prohibición de fumar que emitió el gobierno británico en cualquier luagr público, los bares antros y cantinas han tenido que implementar zonas de tolerancia al humo del cigarro en el exterior de los antros.
b) Vallas metálicas, como la que fue movida por Roberto Wong, sirven para delimitar estas zonas.
Roberto Wong cae en la cuenta de que se han formado (por la fuerza, al transgredir ilegítimamente) en una zona que ni siquiera era una fila. Por el contrario, la fila verdadera estaba vacía, y el guardia de seguridad ha tenido que negarles la entrada dado su comportamiento etílico.
Bobby Marley Jr y Roberto Wong se retiran de la escena, como dos caballeros distinguidos, que aceptan la derrota del alcohol en las noche húmedas de Londres, no sin antes, por supuesto, reclamar crímenes de odio por parte del gorila simiesco del antro y jurar y perjurar que han sido víctimas de discriminación en la ciudad más cosmopolita de Europa.
La noche termina temprano. La única prueba de esta historia es una llamada pérdida del cubano en el celular de Roberto. Bobby Marley Jr y Roberto Wong no se han vuelto a ver desde esa fecha.

1 Comment:

  1. melaNGe said...
    Creo que fue tu corte de cabello, a lo mejor es estilo del mismisimo MC Hammer.

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